Estaba harta de esperar lo imposible. Me sentía estúpida por creerme enamorada de alguien que ni siquiera conocía. Me sentía culpable por no atenderlo.
Que bronca.
Volvió a sonar. Y tampoco lo atendí. Faltaban tres días para que nos encontremos como habíamos planeado ese 23 de julio. La magia no era la misma, la ilusión tampoco. Todo lo que había soñado se había caído en solo dos semanas.
Pensé que al fin la vida me iba a dar un poco de felicidad. Aunque de todos modos me la dio, me dio esperanza cuando la había perdido toda. Pero de que sirve, si al final no fue nada. A veces es preferible que algunas cosas no pasen.
Era domingo, la lluvia caía lentamente por la ventana que daba al cuarto. Me acosté en la cama a escucharla, me dormí. Las imágenes empezaron a pasar como una película, como si todo lo que paso fuera un sueño, y las cartas no eran cartas sino que eran citas, y lo había conocido a él. Vi un puente, luego la imagen comenzó a esfumarse, y por ultimo vi una margarita, esas flores comunes que se encuentran en los canteros fuera de las casas.
Desperté, eran todavía las 4 a.m, al menos ya era día 21 del mes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario