domingo, 4 de julio de 2010

23 de agosto de 2009

Nervios por conocerlo.
Excitación por ver su cara.
Melancolía de extrañar la magia de las cartas.
Alegría por saber que existe.
Miedo por no llegar a encontrarlo.

Habíamos acordado a las 11 a.m, Tomas había demostrado ser "puntual" con respecto a las cartas, siempre estuvo "a tiempo". Por lo que decidí ir al puente del norte once menos diez, para intentar encontrarlo para las 11 y si esto no ocurría iría al otro para llegar once y diez al menos.
Como podía ser tan tarada y dejar que se cayera el único medio de comunicación directa que teníamos.
El cielo estaba celeste, unas pocas nubes decoraban el paisaje, no hacia tanto frió, para ser un día de invierno. El sol estaba allí arriba dando luz y escurriéndose entre los arboles que adornaban los caminos del puente a ambos lados del rió.
Las pocas personas que pasaban, pasaban caminando, corriendo, en bicicletas, apuradas, escuchando música, sin mirada especial, sin buscar a nadie. Se hicieron las 11 y nada ocurrió.
Pare un taxi y pedí que me llevara al otro puente, mientras iba mirando hacia afuera pense en mi sueño, y me di cuenta que no era el puente en el que estaba, por lo que me alegre, me esperanzó saber que podría encontrar a Tomas en el puente al cual me dirigía.
Aquí era diferente, el sendero era solo para peatones. El puente estaba bañado por la luz del sol, la mayoría de los bancos estaban vacíos, solo te podías encontrar con algún anciano alimentando a las palomas, o algún recién jubilado leyendo un libro. Era tarde ya. Eran las 11.20, y no había ningún muchacho. Me apoye sobre la baranda que daba al rió, mire al cielo, y soñé con volar. Pensé en que ya habría oportunidad de conocer a Tomas, todavía quedaba la posibilidad de escribirnos. Respire un poco del aire y del sol del lugar, y emprendí camino a mi casa, no tomaría un taxi esta vez, prefería caminar. De repente una imagen atravesó mi mente. La margarita, una mano, y dos piernas moviéndose rápidamente hacia mi, un saco largo hasta las rodillas moviéndose rápidamente con el viento causado por el ágil movimiento. Abrí los ojos, y ahí estaba frente a mi. Callado, sonriendo, con los ojos grandes como platos. Tuvimos una larga conversación con la mirada, durante 10 largos segundos. Agradecí con toda mi alma al tiempo por eso.
Me beso, como nunca nadie lo había hecho. El beso estaba cargado con todos los sentimientos acumulados durante esos meses. Me dio la margarita, y decidí arrojarla, ¿Por que? simple, porque desee que el que la hallara, se encontrará con la misma suerte que yo algún día. No se si mi historia con Tomas será para siempre. Tal vez mañana nos separemos y no vuelva a saber mas de él. Pero sabré que paso y que fue hermoso.


Fin.

En realidad la historia no termina así. Tomas cae enfermo luego del encuentro. Una enfermedad mortal termina con él luego de tres meses. Por eso, es que ella se anima a escribir esto, para recordarlo por siempre, y saber que aunque no tuvo un final feliz, ella si lo fue. Y mucho.

22 de agosto de 2009

Intente recordar durante dos días, cual era el puente del sueño. En mi ciudad hay dos puentes. Por eso no lo entendía. Era muy confuso.
Fue hermoso ese sueño, hizo que todos los sentimientos de las ultimas semana se esfumaran, por lo que agarre el teléfono, tome valor, y lo llame.

Tomas: ¡Celeste!, ¿que paso? me tenes loco hace dos semanas.
Celeste: perdóname, pensé que todo se había terminado.
Tomas: ¿Como vas a pensar eso?, bueno, a decir verdad, también lo pensé yo...
Celeste: Tomas te escribí y nunca mas volviste a hacerlo.
Tomas: No recibí ninguna carta luego de la que te mande. Y supuse que habías conocido a alguien, tal como lo había escrito yo, fue como que todo concordó.
Celeste: Entonces mi carta no llegó. Que maldita confusión.
Tomas: Si, por eso no quise molestarte, pero necesitaba saber de vos, leer alguna palabra, oír tu voz. Alguna señal. Te necesito. Necesito saber de vos. Por eso, a pesar de pensar que no querías nada de mi te llame, y no respondiste, llame dos veces. Y me di por vencido.
Celeste: Es verdad, no quise atenderte, sentí que iba a ser un montón de palabrería acerca de que habías vuelto con Lizzi y no ibas a escribirme mas por algo. No se, yo también invente una historia.
Tomas: bueno ya esta. Ahora lo importante, lo que estamos esperando hace ya tiempo.
Celeste: Si lo se. Mañana es 23 de agosto.
Tomas: Si, eso. Quiero que nos encontremos a las 11 a. m en el puente...
En ese momento estaba apoyada en el balcón hablando con él, cuando oí la palabra puente, solté el celular, y este cayo, estallando contra la vereda.
Corrí escaleras abajo, llegue a la vereda y me lance al suelo a encontrar el maldito chip. Pero ya lo habían pisado, estaba como borrada la parte dorada que enlaza con el celular. Tome un taxi, y pedí que me llevara a cualquier sitio de ventas de celulares. Mostré mi chip y me dijeron que no tenia arreglo.
No había tiempo para cartas. Ni nombres en la guía telefónica que respondieran a Tomas Parry.
Por lo tanto, la única solución, era estar en dos lugares al mismo tiempo. Ya que no sabia a cual de los dos puentes se refería Tomas.
Volviendo a eso, que sorprendente, lo había soñado, que cosas raras pasan los días de lluvia.

20 de agosto de 2009

Sono el teléfono. Era el. No lo atendí. No había necesidad. No quería explicaciones.
Estaba harta de esperar lo imposible. Me sentía estúpida por creerme enamorada de alguien que ni siquiera conocía. Me sentía culpable por no atenderlo.
Que bronca.
Volvió a sonar. Y tampoco lo atendí. Faltaban tres días para que nos encontremos como habíamos planeado ese 23 de julio. La magia no era la misma, la ilusión tampoco. Todo lo que había soñado se había caído en solo dos semanas.
Pensé que al fin la vida me iba a dar un poco de felicidad. Aunque de todos modos me la dio, me dio esperanza cuando la había perdido toda. Pero de que sirve, si al final no fue nada. A veces es preferible que algunas cosas no pasen.
Era domingo, la lluvia caía lentamente por la ventana que daba al cuarto. Me acosté en la cama a escucharla, me dormí. Las imágenes empezaron a pasar como una película, como si todo lo que paso fuera un sueño, y las cartas no eran cartas sino que eran citas, y lo había conocido a él. Vi un puente, luego la imagen comenzó a esfumarse, y por ultimo vi una margarita, esas flores comunes que se encuentran en los canteros fuera de las casas.
Desperté, eran todavía las 4 a.m, al menos ya era día 21 del mes.