Excitación por ver su cara.
Melancolía de extrañar la magia de las cartas.
Alegría por saber que existe.
Miedo por no llegar a encontrarlo.
Habíamos acordado a las 11 a.m, Tomas había demostrado ser "puntual" con respecto a las cartas, siempre estuvo "a tiempo". Por lo que decidí ir al puente del norte once menos diez, para intentar encontrarlo para las 11 y si esto no ocurría iría al otro para llegar once y diez al menos.
Como podía ser tan tarada y dejar que se cayera el único medio de comunicación directa que teníamos.
El cielo estaba celeste, unas pocas nubes decoraban el paisaje, no hacia tanto frió, para ser un día de invierno. El sol estaba allí arriba dando luz y escurriéndose entre los arboles que adornaban los caminos del puente a ambos lados del rió.
Las pocas personas que pasaban, pasaban caminando, corriendo, en bicicletas, apuradas, escuchando música, sin mirada especial, sin buscar a nadie. Se hicieron las 11 y nada ocurrió.
Pare un taxi y pedí que me llevara al otro puente, mientras iba mirando hacia afuera pense en mi sueño, y me di cuenta que no era el puente en el que estaba, por lo que me alegre, me esperanzó saber que podría encontrar a Tomas en el puente al cual me dirigía.
Aquí era diferente, el sendero era solo para peatones. El puente estaba bañado por la luz del sol, la mayoría de los bancos estaban vacíos, solo te podías encontrar con algún anciano alimentando a las palomas, o algún recién jubilado leyendo un libro. Era tarde ya. Eran las 11.20, y no había ningún muchacho. Me apoye sobre la baranda que daba al rió, mire al cielo, y soñé con volar. Pensé en que ya habría oportunidad de conocer a Tomas, todavía quedaba la posibilidad de escribirnos. Respire un poco del aire y del sol del lugar, y emprendí camino a mi casa, no tomaría un taxi esta vez, prefería caminar. De repente una imagen atravesó mi mente. La margarita, una mano, y dos piernas moviéndose rápidamente hacia mi, un saco largo hasta las rodillas moviéndose rápidamente con el viento causado por el ágil movimiento. Abrí los ojos, y ahí estaba frente a mi. Callado, sonriendo, con los ojos grandes como platos. Tuvimos una larga conversación con la mirada, durante 10 largos segundos. Agradecí con toda mi alma al tiempo por eso.
Me beso, como nunca nadie lo había hecho. El beso estaba cargado con todos los sentimientos acumulados durante esos meses. Me dio la margarita, y decidí arrojarla, ¿Por que? simple, porque desee que el que la hallara, se encontrará con la misma suerte que yo algún día. No se si mi historia con Tomas será para siempre. Tal vez mañana nos separemos y no vuelva a saber mas de él. Pero sabré que paso y que fue hermoso.
Fin.
En realidad la historia no termina así. Tomas cae enfermo luego del encuentro. Una enfermedad mortal termina con él luego de tres meses. Por eso, es que ella se anima a escribir esto, para recordarlo por siempre, y saber que aunque no tuvo un final feliz, ella si lo fue. Y mucho.